Un segundo para enamorarte, una eternidad para desangrarte.

Y sólo  fuera una cuestión de un pestañeo, el suspiro del ángel más vanidoso, la vida más larga del insecto que vigila tus noches. Sin embargo ese dolor vive y muere contigo y busca saciar su hambre con tu alma lastimosa. Una cosa es segura, ya maduro, ya dejo de vivir de suspiros, comprende que arrancar miembros de un tajo mientras miras sus ojos, no genera un ápice de reacción. Dientes afilados, de brillo perturbador, que con solo rechinar estrujes los huesos, con abrigo de escalofríos. Pero no temas, solo déjate llevar y deslizate por su garganta,  que al final nada puedes hacer, solo disfruta el viaje a su estómago corrompedor.

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